miércoles, 4 de mayo de 2016

MIRADA INTERIOR Los pasos perdidos de una nación Ferias del libro: UAEM-Iguala POR: ISAÍAS ALANÍS

Como si de un Apocalipsis  republicano se tratara, las trece plagas demoledoras del principio constitucional rodaron por el suelo, y sobre la republica cayeron, no solo la maldición de Malinche, Santa Anna y Salinas de Gortari, sino de representantes populares aviesos al votar una ley contraria a la propia constitución, la madrugada del 29 de abril, tal y como lo reseñaron; El Universal, Quadratin y La Jornada. “Sin importar las recomendaciones de la ONU y de organismos internacionales en materia de derechos humanos, el Senado de la República aprobó modificaciones en materia de justicia militar que, según advirtieron en tribuna los legisladores del PRD y PT, llevan a un estado de excepción, Esa madrugada el senador Bartlet les advirtió: dijo: (“Con las armas no se juega o se termina en dictadura o golpe militar”) al permitir que autoridades judiciales castrenses realicen labores de inteligencia, puedan catear domicilios particulares y oficinas gubernamentales, intervenir comunicaciones y obligar a civiles, entre ellos a niños e indígenas, a comparecer…”

Esta ley se aprobó por 78 votos a favor y 20 en contra. Lo absurdo es que esta modificación con claros visos dictatoriales, se da previo al día del niño, pues en el artículo 47 del Código Militar de Procedimientos Penales establece que quienes tengan entre 12 años de edad y menos de 18, deben conducirse con verdad en sus   manifestaciones ante el Órgano Jurisdiccional Militar, y en caso de conducirse con falsedad, incurrirán en un delito penal.

Esta modificación votada de madrugada y al vapor, se instrumenta en medio de un lodazal de inconsistencias por el caso Iguala y Cocula y la inestabilidad geocéntrica de la procuraduría mexicana. Los legisladores, Fidel Demedicis, Dolores Padierna, Manuel Bartlet, Alejandro Encinas y Armando Ríos Piter, de Guerrero, “advirtieron que las modificaciones, se da en momentos en que el ejercito es cuestionado por los muchos casos de violación de derechos humanos que ha protagonizado, y le dan más facultades…”.

Ahora bien, si estas modificaciones harán que la ley castrense persiga a lavadores de cuello blanco, narcopolíticos, gobernadores corruptos y no a niñas y niños indígenas, lo que se puede ver a corta zacate es que el poder civil le esta cediendo fuerza y poder a los militares.
¿Estamos ante una futura nación cogobernada por los hombres y mujeres de verde olivo ante la ineptitud o colusión de los hombres de guayabera, auto deportivo, cuentas en Islas Caimán, casa en San Diego, chalet en Suiza y piso en Madrid y Paris, yate en el Mediterráneo, bonos en la bolsa de valores y accionistas mayores de PEMEX y CFE con la delincuencia organizada nacional?
Los hombres y mujeres de verde olivo, no sentirán cosquillas y copiaran el estilo de vida de los hombres de blanco y guayabera orlada con flores “rositas”.

LIBERTAD BAJO PALABRA

Tomo como eje un título de Octavio Paz y por ese motivo toco este tema tomando dos ferias de libros, una en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, y la otra en Iguala.
El pequeño y grande estado de Morelos, atraviesa por una feroz arremetida del crimen  organizado como nunca se había visto. Y la universidad ha sido objeto de una campaña surgida a raíz del compromiso de su rector Alejandro Vera Jiménez con las demandas y luchas populares, el crecimiento de nuevas carreras y mantener una posición combativa, reflexiva y en libertad. Esta asonada es orquestada  por el ejecutivo estatal Graco Ramírez y su camarilla familiar al que las fosas de Tetelcingo no le dicen nada y se gasta el dinero de los morelenses en prensa a modo y ha sacado un pasquín gratuito donde entre otras cosas, se dedican a insultar al rector de la UAEM por su compromiso con la sociedad morelense y al poeta Javier Sicilia con argumentos de plastilina.

Esta feria del libro que cuenta con el proyecto de Paco Ignacio Taibo II, Leer con libertad, es una forma de recuperar la palabra. De alcanzar a través de la palabra los reinos del alumbramiento de las ideas, de ciencia y tecnología, de literatura y derecho de las comunidades a autogobernarse. Porque si algo tiene la palabra, es que hay que empeñarla para salvarnos del abismo y para que sea el testimonio en libertad de su función dentro de una sociedad como la nuestra. Sin palabra no hay futuro seguro y en libertad. Sin palabras, ésta y la futuras generaciones vivirán en orfandad.

Y la feria de Iguala, con el apoyo de la Secultura de Guerrero, realizada en el epicentro de un pequeño poblado donde hace años nació la bandera nacional, y con el paso del tiempo se ha convertido en una quebradura del sistema político mexicano y sus leyes. En un grave problema de ética nacional donde el estado tiene metidas las manos hasta el fondo del río San Juan y de las maquinaciones de la PGR para desviar la verdad sobre los muertos del 26 de septiembre, en esa noche incendiaria de Iguala que nos ha igualado con la injusticia y con un estado totalitario, represor, cómplice y omiso.

Por eso, los libros tienen la palabra. Esa, la escrita, la dicha, la cantada, la misma que refleja la noche de los tiempos o la desnudez del poeta o el marco teórico de las ideas y la ciencia es la que nos toca reproducir, y dar nuestra palabra de aliento para que en las dos ferias del libro, una en la UAEM y otra en Iguala, la palabra sea la columna vertebral para construir una nación fuerte y a seres humanos preparados y listos para defenderla en los campos que sean necesario. Y comer el pan de la palabra. La palabra dicha, la palabra cantada, la palabra, ese territorio donde sin libertad no se llega a nada, a nada. Y solo nos queda arrebatarla, amarla, liberarla de quiénes la quieren atrapar y afirmar que no se puede vivir dignamente sin una libertad bajo palabra.


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