jueves, 13 de octubre de 2016

DISCURSO DEL GOBERNADOR DE GUERRERO, HÉCTOR ASTUDILLO FLORES



Lic. Enrique Ochoa Reza
Presidente del Comité Ejecutivo Nacional
Del Partido Revolucionario Institucional

Mtra. Claudia Ruiz Massieu Salinas
Secretaria de Relaciones Exteriores

Lic. Miguel Angel Osorio Chong
Secretario de Gobernación

Lic. Marisela Ruiz Massieu

Familiares, amigos y excolaboradores del Licenciado José Francisco Ruiz Massieu.

Dip. César Camacho Quiroz
Coordinador de la Fracción Parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados

Sen. Emilio Gamboa Patrón
Coordinador de la Fracción Parlamentaria del PRI en la Cámara de Senadores

CC. Dirigentes de los Sectores y Organizaciones Adherentes y Organismos Políticos del Partido Revolucionario Institucional


Señoras y Señores:




22 Aniversario luctuoso de
José Francisco Ruiz Massieu
Comité Ejecutivo Nacional del PRI,
Ciudad de México, 13 de octubre de 2016


José Francisco Ruiz Massieu, nos sigue convocando, porque hizo transcurrir su tiempo, reflexionando sobre el acontecer político y accionando para que las ideas se convirtieran en hechos. Se inició en la academia y formó parte de ella pensando en la política, a la que podemos sintetizar como ideas en acción para el buen gobierno.

Tenía mente privilegiada, analítica y de amplio campo visual. Miraba el futuro pensando en el presente. En él había claridad sobre lo que podría venir y respecto a lo que convenía que viniese. Planteó un cuestionamiento provocador “¿Nueva clase política o nueva política?”.

La claridad de su pensamiento, surgía de la perseverancia por la reflexión y por la lectura. Cuando decía que los principios son primero y las ideas vienen después, acentuaba el origen de la nueva política que propuso a los guerrerenses desde su campaña a gobernador del Estado de Guerrero en 1986.

Ante una sociedad donde la política y la democracia perdían el aprecio de la ciudadanía, Ruiz Massieu formuló la nueva política como una nueva metodología de pensamiento, un nuevo estilo de gobernar y de ejercer el poder.

Él comprendía que los reformadores podían ser viejos políticos, comprometidos con una nueva política; y también que la vieja política, no podría desplazarse sin remover lo establecido. En el último cuarto del siglo XX había concluido un gradualismo democrático, que abría paso a la pluralidad y, como lo decía el propio Ruiz Massieu, a una “política de entendimientos”.

Jurista de profesión, Ruíz Massieu conjugó las ideas políticas con la militancia activa y propositiva del PRI, y como estudioso del partido, estaba convencido del papel preponderante que el PRI debía tener en la consolidación democrática del país.

Ruiz Massieu planteaba reconstituir, las instituciones políticas básicas del Estado, como la división de poderes y el reequilibrio entre el Ejecutivo y Legislativo para garantizar una mejor cohesión del poder y una comunicación política más eficaz, del Estado con la sociedad.

Para ser eficiente, la redistribución del poder planteaba la necesidad de un proceso de examen sobre las relaciones entre el priismo; y entre el PRI y el Presidente de la República. Había que pensar en el relevo político sin ruptura, y el liderazgo presidencial sin sofocar al partido y sin un partido ausente en el respaldo a su gobierno.

Como estudioso de las ideas políticas y de la evolución social, entendió el dinamismo transformador del poder. Participó con sus lecturas de los debates de grandes pensadores. Por ello entendió, que hay políticas conservadoras, pero no estacionarias; y políticas aceleradas, que pueden ser destructivas. De ahí, que no haya militado con los quietos ni los apresurados. Pensó en los pactos para el cambio, es decir, en procesos reformadores, que sólo pueden impulsarse desde los partidos políticos.

El pensamiento político de José Francisco Ruiz Massieu, es vigente. Catalizó los problemas de su tiempo e hizo propuestas pedagógicas. El político activo, nunca abandonó al maestro universitario que fue. Sus textos planteaban problemas y apuntaban soluciones, enumerándolos como una fuente de orientación política.

Fue también un político pragmático. Entendió, que con frecuencia al gobernante se le presentan problemas que exigen soluciones prácticas.

Con Ruiz Massieu, la improvisación cedió a un imperioso ejercicio de entendimiento y de anticipación. La rigurosidad con la que observaba, pronosticaba y atendía los temas de la agenda política, económica y social, lo proveyó de una visión anticipatoria.

No existe dilema alguno entre el rigor de la ley y la flexibilidad para la solución de los problemas. El diálogo y la concertación, son legítimos en tanto se preserva el bien público y se mantienen las potestades del Estado. El poder no se dispersa, por el pragmatismo en la solución de problemas, sino por su inacción. El político no alcanza el éxito sólo por sus intenciones –como decía Ruíz Massieu- sino por su eficacia, por sus resultados.

Y para ser eficaz, el político debe tener nuevas habilidades, lo que significa manejarse en el difícil terreno de los recursos escasos, ser disciplinado e imaginativo.

Debe poseer el instinto de lo posible y saber que la voluntad de los políticos también tiene límites. Saber pactar las reglas del juego, tener vocación transformadora y de cambio, hablar con la verdad y advertir errores.
Hoy el gobernante debe caracterizarse por su movilidad, por mantener cercanía con la gente. Las tecnologías de la comunicación dan visibilidad permanente al gobernante y la ciudadanía identifica la atención a sus demandas. El pragmatismo, no es populismo exacerbado; es la vía corta para atender las demandas populares.

Veámoslo de esta manera. Quienes gobiernan sustentan la ideología de su partido y se comprometen a ejecutar sus programas. Las ideas se proponen mundos perfectos y las desmienten los hechos. Por eso, sin traicionar su esencia, las ideas deben llevarse al mundo de lo posible.

Los días que vivimos presentan desafíos, que en su momento advirtió Ruiz Massieu. Debemos reflexionar en algunas de sus preocupaciones; sobre todo, cuando, en diferentes mediciones y consultas, los ciudadanos manifiestan su desencanto por la política, los políticos y los partidos. Este sentimiento colectivo, es un riesgo para la democracia, porque puede conducir a los vacíos del poder o a la elevación del poder autoritario.

El sistema de partidos debe modernizarse para que la pluralidad política, encuentre en ellos la interlocución gubernamental y la formación del poder mismo.

El PRI no debe ni puede renunciar a su herencia histórica y menos aún a su vocación transformadora. Es verdad que se ha cumplido con la construcción de un sistema democrático, pero también lo es, la patente insuficiencia de la justicia social.

En tiempos de crisis, enseñaba Ruiz Massieu, el PRI, debe armonizar intereses en pugna, con líderes diestros, pacientes, templados y con piel dura.

Observó, que para responder con más eficacia a los reclamos de una democracia abierta, a procesos electorales altamente competitivos, a una sociedad cada vez más participativa, demandante y contestataria, el PRI debía convertirse en un partido incluyente, con disposición a transformarse y sustentar sus decisiones en consensos sociales.

Sabía, que para actualizar al partido que contribuyó a la construcción de las grandes instituciones del Estado, habría que reiniciar un esfuerzo para trazar una ruta de futuro, a fin de contribuir a su consolidación como el partido del México democrático del siglo XXI.

Vivimos nuevos desafíos: el mercado global, la violencia delincuencial; la demanda laboral; la improductividad del campo; la quiebra de instituciones de seguridad pública; la exigencia de educación de calidad; la insuficiente investigación científica; la movilización social, a veces sin rumbo y sin contenido; la férrea defensa de intereses privilegiados y la corrupción.

Con el ánimo reformador que lo caracterizaba, propuso acelerar transformaciones pactadas con los partidos, como ocurrió en diciembre de 2012, con el Pacto por México, conducido por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.



Estos pactos estructurales y las reformas sociales profundas, cuyos resultados no son inmediatos, significan un reto para el PRI: evitar la tentación de renunciar a esas reformas, ante la presión de la inmediatez.

Reformemos para avanzar, sin perder el rumbo. Algunos nos quieren huérfanos de ideas y confusos, en la consecución de los grandes cambios que requiere el país. Evitemos caer en recetas milagrosas y debilitar las instituciones, buscando modelos de gobierno, diferentes a nuestra estructura constitucional y a nuestra idiosincrasia.

Por ello, señalaba el guerrerense, “elaborar y difundir sólo las miserias del país, las fatigas del sistema, o los errores del gobierno, y negarse a hacer un balance, en el que figuren tanto los pasivos como los activos de los hombres y de la nación, no conduce nunca a la verdad”.

“Se sabe –decía Ruiz Massieu– que quien asume el poder, también asume sus incomodidades y que quien lo hace debe estar dotado en la fina perspicacia que le permita distinguir entre la crítica sin razón y el que lo hace con tino”.

Romper inercias tiene su costo. Bien lo sabía Ruiz Massieu al afirmar: “Más crítica recibe el que transforma que el que preserva”. No nos equivoquemos: en el PRI no hay desaliento; hay líder, y con el Presidente Enrique Peña Nieto, seguimos impulsando los cambios que reclama México.




Señoras y señores:

Entre los acontecimientos que en 1994 agitaron la vida política del país, el homicidio de Ruiz Massieu, produjo una doble consternación. El sistema perdía a un hombre políticamente dotado. El país dilapidaba también al académico, al abogado, al gobernante y al ideólogo del partido.

El homenaje que se realiza a José Francisco Ruiz Massieu, en este auditorio Plutarco Elías Calles, es la unión afortunada de lo que puede simbolizar la fundación y el cambio. La fundación de las instituciones que impulsó el presidente Calles y el cambio para continuar, en la mejor tradición de la política mexicana. Como advirtió José Francisco Ruiz Massieu: “Cambiar, para no ser cambiados”.

Ruiz Massieu, propuso reformas oportunas para evitar la opacidad de las ideas y la pérdida de destreza en las acciones de gobierno. Fue el último ideólogo del PRI. Su aporte a nuestras ideas aseguraban la vigencia doctrinaria, pues advertía la necesidad de “una articulación ideológica nueva, pero sustentable en el pensamiento histórico de México”.

Ruíz Massieu proponía “Reelaborar la ideología de la Revolución Mexicana y adelantarla, cuidando que haya congruencia con el legado doctrinal del movimiento, que a su vez, tiene un antecedente ideológico en la corriente liberal” del siglo XIX.

En 1991, en Ideas a tiempo, señalaba: “El trabajo ideológico en el PRI ha menguado; un síntoma es el decaimiento de la palabra como nexo entre la idea y la acción política; entre la ideología y el comportamiento político. México se convirtió en la república del silencio, o en la república de la palabra sin ideas”.

Debemos reflexionar a profundidad, sobre nuestra herencia histórica para poder ofrecer un legado a las nuevas generaciones, que hoy aspiran a ser competitivas en el mercado global, pero que suelen ignorar las claves de la historia nacional. Si se pierde la batalla de las ideas, se pierde la política y se pierde el poder.

“Cuando venga lo que vendrá” -como dijo el destacado guerrerense- el priismo debe evitar las rupturas y llegar bien equipado como un partido competitivo y ganador, con las armas de la unidad, la lealtad y el entendimiento.

Recordar a José Francisco Ruiz Massieu, como hoy lo hace el priismo nacional, a instancias de su presidente Enrique Ochoa Reza, siempre tendrá importancia, porque si su muerte reflejó los litigios inevitables del poder, su pensamiento y su pragmatismo representan la forma, de cómo es posible reunir las virtudes del poder, el talento natural de un ser humano, la cultura política, el buen oficio político y el don anticipatorio.

Ya se ha dicho: “Se puede asesinar al hombre, pero no a sus ideas”.

José Francisco Ruiz Massieu, vive.

Muchas gracias.

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