lunes, 19 de diciembre de 2016

CONTEXTO POLÍTICO Por Efraín Flores Iglesias El eterno aspirante a la Presidencia de la República


EFRAIN FLORES IGLESIAS

Cuando le conviene manda al diablo a las instituciones, pero cuando buscó el registro de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) como instituto político ante el Instituto Nacional Electoral (INE), no dijo ni pío. 

A los cuatro vientos grita que todos partidos son corruptos, menos Morena; y presume que sólo él tiene la varita mágica para rescatar al país de la mafia del poder que encabeza Carlos Salinas de Gortari, su villano favorito

Así es Andrés Manuel López Obrador (el eterno candidato a la Presidencia de la República), un político autoritario y que suele victimizarse cada vez que pierde una elección, alegando que le hacen fraude. En 2006 al ser derrotado por un reducido margen de votos por el panista Felipe Calderón Hinojosa, ordenó a sus seguidores bloquear el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, y el 20 de noviembre de 2006 se declaró presidente legítimo.

No entiende todavía que sus derrotas son producto de su soberbia y desmedida ambición del poder por el poder.

Con medio mundo se pelea. ¿Así cómo piensa ganar, pues?

En 2012 pregonó que si ganaba la Presidencia instauraría una “República Amorosa”. Obviamente que estaba mintiendo. El Peje no es un hombre amoroso. Ni a su familia quiere. Sólo basta recordar el trato que le dio a su hermano Arturo López Obrador durante la pasada campaña a gobernador en el estado de Veracruz, quien por no apoyar al abanderado de Morena y sí al del PRI, inmediatamente lo descalificó, tildándolo de traidor y de convenenciero.

“Los traidores abundan hasta en la familia…Él (Arturo López Obrador) está por conveniencia del lado de los corruptos”, acusó.

Es intolerante como lo fue en su momento el extinto mandatario de Venezuela, Hugo Chávez. A fuerza quiere que todos piensen igual que él, porque de lo contrario, todos son aliados o cómplices de la mafia del poder. ¿A poco eso es ser demócrata? Pues no.

No hay ninguna duda de que sea en este momento el más importante líder de la izquierda mexicana y que en poco tiempo ha consolidado a su instituto político, igualando casi a su otrora partido: el PRD.

No está mal que cuestione a sus adversarios. Está en su papel de hacerlo, ya que es opositor y le interesa ser presidente. Y, además, las cosas no están bien que digamos con Enrique Peña Nieto.

El país enfrenta serios problemas y escándalos, como por ejemplo, los gasolinazos (incremento del combustible), la depreciación del peso frente al dólar, la casa blanca de “La Gaviota” (Angélica Rivera), la inseguridad y el arrodillamiento del presidente Peña ante Donald Trump.

Pero eso de que López Obrador sea una blanca paloma, es mentira. Sus seguidores podrán alegar lo que sea. El político tabasqueño también ha sido factor de desestabilización social en el país. Su alianza con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), es un claro ejemplo.

Los profesores de la CNTE, como todos sabemos, han provocado disturbios en los estados de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, y han dejado a miles de estudiantes de primaria y secundaria sin clases. Pero eso sí, son buenos para exigir para que les paguen puntualmente sus quincenas y que las autoridades se desistan con las denuncias penales.

De todos los aspirantes presidenciales para la elección de 2018, es el único que tiene asegurada la candidatura. No tiene competencia en Morena, ya que nadie quiere revelarse contra él, pues sería inmediatamente bloqueado y expulsado de dicho instituto político.

Asimismo, es el único que ha hecho campaña en todo el país durante más de 15 años. Es la gran ventaja que tiene.
 
Siempre canta victoria antes de tiempo. Gran error. Olvida que del plato a la boca, se cae la sopa. 

No es de demócratas descalificar una elección alegando fraude sin presentar pruebas contundentes. Para él hay democracia solamente cuando triunfa. No acepta perder, a pesar de que en un inicio acepta las reglas del juego.

Sus representantes en los estados son soberbios también. En lo que si no lo emulan es en sumar adeptos y llenar plazas. En Guerrero, por ejemplo, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros sólo se la pasa en restaurantes dando conferencias de prensa y pelear con los dirigentes del PRD. Así lo hizo en la pasada campaña de gobernador en la que, por cierto, perdió y ubicó a su partido en un lejano quinto lugar.

Aunque hay que reconocer también que en Guerrero hay perredistas que se sumarán al proyecto de Morena; perredistas que en su momento tuvieron la oportunidad de dirigir a su partido, pero que carecen de estructura y solamente buscan chamba.

El PRD tiende más a aliarse con el PAN, siempre y cuando le garanticen candidaturas en estados donde tienen presencia. Y todo porque López Obrador los ha mandado varias veces al carajo. 

La Ciudad de México podría ser retenida por el PRD si va en alianza con el PAN, complicando de esa manera la llegada de Morena al gobierno de la capital del país.

Luego entonces, el eterno aspirante no la tiene fácil en 2018 como lo quieren hacer creer los voceros de Morena.

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