domingo, 31 de julio de 2016

EPÍSTOLAS SURIANAS (Carta a Don Héctor) De Julio Ayala Carlos

AUNQUE CARAS VEMOS, CORAZONES no sabemos, como bien dice el refrán, es difícil creer que todos aquellos que han sido asesinados de manera violenta, a tiros, con armas de grueso calibre, exclusivas del Ejército y Fuerza Aérea, hayan sido narcos o hayan tenido vínculos con la delincuencia organizada.

¿Cómo creer por ejemplo, que niños de tres, seis o diez años de edad, o incluso recién nacidos, asesinados con armas de alto poder, hayan sido narcos o hayan tenido vínculos con éstos? Es inconcebible a todas luces. ¿Cómo creer que la familia atacada en Tepecoacuilco, dedicada a la recolección de botes de aluminio, incluidos los niños, fue asesinada porque eran narcos?

Sí. Cuesta trabajo creerlo. Y más porque esa familia, asesinada a tiros, a mansalva, por su condición de vida, era muy humilde, casi de supervivencia, como muchas familias o personas que han muerto a lo largo y ancho del estado, que parece difícil que hayan tenido relación con el narcotráfico, al que se identifica, además de armas, con dinero, con mucho dinero.

Dije al principio, citando un refrán popular, que “caras vemos, corazones no sabemos”, para explicar que nadie sabe lo que realmente es el otro, el vecino, el amigo, el compañero, en razón de que siempre hay algo oculto en las personas, o porque ocurre que aparentan una cosa y son otra. Sin embargo, también hay excepciones, y porque además, la doble vida o doble moral, nada tiene que ver con los niños, incluidos los recién nacidos.

Es cierto. Es posible, cabe la posibilidad, de que un alto porcentaje de los que han muerto en esta situación de violencia, producto de la guerra que el Gobierno lleva a cabo contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, y el enfrentamiento entre los grupos que la integran por el control de la siembra, trasiego y venta de la droga, hayan tenido que ver, de una u otra forma con ésta, pero… ¿y los niños, las mujeres embarazadas, y los ancianos?

Hay que decirlo. Es triste, es lamentable, trágico y doloroso saber que en esta situación de violencia que existe, no tan solo en Guerrero, sino en todo el país y el mundo entero, mueran seres inocentes. Aquí en México, por la violencia generada por el narcotráfico y la delincuencia organizada, y en otras partes del mundo, por gente desquiciada o por el llamado terrorismo que impulsan grupos fundamentalistas, gobiernos o países.

Y es triste, lamentable, trágico y doloroso, porque parece ser que ésta será la herencia que como padres estamos dejando a nuestros hijos, y a los hijos de éstos, como consecuencia de la pérdida valores, de la falta del respeto por la vida, y de una educación sin principios morales, que ha dejado de lado el valor de la familia como piedra angular de las sociedades, para irnos por la ruta de los intereses perversos y mezquinos que alientan la individualidad.

Y en todo esto, no sólo es culpable el gobierno, sino la sociedad en su conjunto, que si bien le dejó al Estado la responsabilidad de dirigirlo, de protegerlo y de educarlo, se olvidó de su facultad de supervisarlo, de removerlo y de fincarle responsabilidades cuando no cumpliera con el encargo depositado.
EN OTRO ASUNTO, lo he dicho otras veces. Contrario al pasado reciente, hoy sí hay, porque existe, gobierno en Guerrero. Con Rogelio Ortega Martínez, si bien cobraba como gobernador, no actuaba como tal, quizá porque su objetivo era otro, de tal forma que se dejaron de hacer muchas cosas, incluso también en la administración que encabezó Angel Aguirre Rivero.

Claro. Eso no gusta que se diga, y se molestan quienes fueron parte de esos gobiernos o se beneficiaron con ellos. Y no solo se dejó de gobernar, sino también se olvidó lo concerniente a la obra pública, y por supuesto, en materia de seguridad. Precisamente porque no se hizo nada en esto último, es que, por ejemplo, el Gobierno del estado no tiene hoy los suficientes policías que se requieren para garantizar la seguridad de los guerrerenses. Faltan nada más, pero nada menos que ocho mil elementos policiacos.

Por fortuna, me dicen, se trabaja en ello, pero además, en su certificación con el fin de que sean policías confiables, capacitados y profesionales. Hoy sí se ve que hay policías, y por supuesto, gobierno en Guerrero, cuyo titular no descansa ni un solo día, conciente de que porque se dejaron de hacer las cosas, hay mucho por hacer. Y eso molesta a muchos. Jejé.

Comentarios: julio651220@otmail.com

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